El radón en viviendas suele preocupar cuando se reforma una planta baja, un semisótano, una casa apoyada sobre el terreno o un local que va a cambiar de uso. Es un gas natural que puede entrar desde el subsuelo por juntas, fisuras, pasos de instalaciones y cámaras mal ventiladas.
Lo importante es no tratarlo como una reparación estética. Si se van a levantar suelos, renovar tabiquería o mejorar la ventilación en reformas, conviene medir, diagnosticar y decidir medidas antes de cerrar la obra.
También debe coordinarse con otras decisiones: aislamiento, estanqueidad, extracción, mantenimiento preventivo de edificios, humedad y rehabilitación energética de edificios. Una vivienda más eficiente no debería quedar peor ventilada ni ocultar puntos de entrada desde el terreno.

Cuándo conviene medir radón antes de reformar
La medición es especialmente recomendable en viviendas apoyadas sobre el terreno, bajos habitables, semisótanos, garajes comunicados con la casa, edificios situados en municipios con potencial de radón y reformas que aumentan la estanqueidad de la envolvente.
No basta con mirar un mapa general. El comportamiento real depende del terreno, la cimentación, las grietas, la ventilación, la presión interior y el uso de cada estancia. Dos viviendas cercanas pueden dar resultados distintos.
Si una reforma va a sellar mejor la casa, cambiar suelos o cerrar cámaras, el radón debe comprobarse antes: después todo será más caro y más difícil de corregir.
Qué dicen las fuentes técnicas
La información del Consejo de Seguridad Nuclear sobre radón recuerda que los mapas sirven para orientar, pero no sustituyen a las mediciones directas en viviendas o lugares de trabajo. Para una obra real, el dato útil es la concentración medida en el espacio que se va a habitar.
La Guía de Rehabilitación frente al radón del CTE plantea un proceso de diagnóstico: identificar vías de entrada, medir correctamente y escoger soluciones según el caso. En rehabilitación no existe una receta única; sellado, barreras, ventilación y extracción pueden combinarse.

Soluciones habituales en reformas existentes
El primer grupo de medidas es de estanqueidad: sellar grietas, juntas perimetrales, encuentros entre solera y muro, pasos de tuberías, arquetas, registros y perforaciones. Ayuda, pero rara vez debe ser la única solución si las mediciones son altas.
El segundo grupo trabaja la ventilación o extracción. Puede incluir ventilación de cámara sanitaria, mejora de renovación de aire en planta baja, extracción en zonas bajo rasante o sistemas que reduzcan la presión del terreno bajo la solera. Cada edificio exige cálculo y ejecución precisa.
Antes de cerrar suelos, conviene revisar también fugas de agua ocultas, humedad por capilaridad y pasos de instalaciones. Si hay una instalación eléctrica antigua que va a renovarse, los recorridos nuevos deben sellarse bien para no crear entradas adicionales.
Errores frecuentes al abordar el radón
El error más habitual es limitarse a ventilar abriendo ventanas. Puede reducir concentraciones puntuales, pero no siempre es estable ni compatible con invierno, ruido, seguridad o eficiencia energética. La solución debe funcionar con la vivienda en uso normal.

Otro error es sellar solo lo visible y dar el problema por resuelto sin repetir medición. Si el radón entra por la solera, por cámaras o por presiones diferenciales, tapar una grieta puede desplazar la entrada a otro punto.
También se olvida la coordinación entre gremios. Albañilería, ventilación, fontanería, electricidad y carpintería pueden abrir pasos nuevos. Cada penetración debe quedar registrada y sellada con materiales compatibles.
Checklist para propietarios y comunidades
- Medición previa: usar equipos y plazos adecuados antes de decidir obra.
- Diagnóstico: revisar solera, muros, juntas, arquetas, instalaciones y cámaras.
- Uso real: identificar dormitorios, salas de estar, locales habitables y tiempos de ocupación.
- Solución combinada: sellado, barrera, ventilación o extracción según concentración y edificio.
- Coordinación: evitar que otros trabajos abran nuevas vías de entrada.
- Comprobación final: repetir medición tras la reforma y guardar documentación.
Comunidades, locales y plantas bajas
En comunidades de propietarios, el radón puede afectar a zonas comunes, garajes, trasteros, locales y viviendas bajas. Si varios espacios comparten solera, cámaras o patinillos, interesa estudiar el edificio completo y no solo una estancia aislada.
En locales que se reforman para uso prolongado, el análisis debe hacerse antes de distribuir despachos, aulas, salas de espera o zonas de atención. Cambiar el uso de un bajo sin revisar aire interior puede trasladar un problema técnico a la fase final de la licencia o apertura.
Conclusión: medir primero y reformar con criterio
El radón en viviendas no se ve ni se huele, pero puede condicionarlo todo cuando se reforman plantas bajas y sótanos. La mejor decisión es medir, diagnosticar vías de entrada y escoger soluciones proporcionadas al edificio.
Una reforma bien planteada permite actuar cuando el suelo, las instalaciones y la ventilación aún están accesibles. Si se deja para el final, cada corrección implica abrir de nuevo lo que ya estaba terminado.